VAN 2 X 1 PORQUE SE LOS DEBO
Cosas que no te gustaria oir en un quirófano
–Mejor guarda eso, lo vamos a necesitar para la autopsia.
–Acepta este sacrificio... ¡Oh Señor de la Oscuridad!
–Oigan, si este es el hígado... ¿eso qué es?
–Enfermera... páseme esa... eh, ¿cómo se llama ese aparato?
–¡Ay, se me fue la mano!...
–¡Uf! ¡De nuevo un apagón!
–...ustedes saben que pagan muy bien por los riñones...
–¡Todo el mundo quieto!! Perdí mis lentes de contacto!
–Oye, ¿quién puso esto aquí?
–¿Pueden hacer que esa cosa deje de latir? ¡Me hace perder la concentración!
–¡Uf! ¡Detesto cuando se me cae algo aquí dentro!
–¿Cómo, pero este paciente no era el del cambio de sexo?
–Enfermera, este paciente firmó la tarjeta de donación de órganos, ¿no?
–No te preocupes, creo que sí está bien afilado.
–¡FUEGO! ¡FUEGO!! Todo el mundo afuera!!
–¡Ay, la página 47 del manual no está!
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Cuidado con Perderse
Una vez, un escritor llegó a un pueblo situado en medio de la nada, muy recóndito, y se le ocurrió que de ahí podría sacar un nuevo libro, basado en las anécdotas que pudieran tener sus pobladores. Ya centrado en esa idea, fue a buscar al hombre más viejo del pueblo y, al Encontrarlo, le dijo:
- “Mire, ando recopilando datos para escribir un libro. ¿No tendrá alguna historia cómica y ligera que pudiera yo transmitirle al mundo?. ¿Algo que haya vivido usted en este pueblo y que recuerde con frecuencia?.
- “¡Ah sí!. Una vez se perdió la esposa de Pérez, ese que vive ahí tras la iglesia. Cuando llegó la noche y la señora seguía sin aparecer, nos reunimos todos los hombres del pueblo, 40 más o menos, y armados con un buen cargamento de aguardiente, nos metimos en el bosque a buscarla. Después de varios días, la encontramos y, como ya estábamos un poco locos por el aguardiente, pues uno por uno hicimos el amor a la esposa de Pérez”.
El escritor se asombró del morbo con que el viejito recordaba las cosas y se asustó; pensando que no podía contar en su libro lo que sucedió, comentó:
- “Uy, pero ¿no tendrá algo mas cómico?, ¿algo que la haga reír a usted y a todos los del pueblo?. No sé, a lo mejor algo inusual, que sé yo...”.
- “Pues sí. Una vez, se perdió la chivita de Luis; cuando llegó la noche y la chivita seguía sin aparecer, nos reunimos todos los hombres del pueblo, 40 más o menos, y armados con un buen cargamento de aguardiente, nos metimos en el bosque a buscarla.
Después de varios días, la encontramos y, como ya estábamos un poco locos por el aguardiente, pues uno por uno hicimos el amor a la chivita de Luis”.
Tras lo cual, el viejo degenerado estalló a carcajadas.
El escritor pensó que el viejo estaba loco y que sería mejor cambiar el carácter de tema, para que ya no pudiera contar esas cosas:
- “Y ¿no tendrá otra historia?. No sé, ¿algo más dramático y triste que haya vivido?, ¿algo que pueda conmover a los demás y que pueda yo libremente contar en mi libro?”.
El viejecito mira al suelo y se le nubla la vista. Con un nudo en la garganta y las lágrimas rodando por sus mejillas, contesta al escritor:
-“Pues... una vez, me perdí yo...”.
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